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¿Quién es Joaquín Sánchez?

Una persona en continua búsqueda, desde un horizonte donde la humanidad y la prosperidad vayan de la mano, sin dejar a nadie atrás o en la cuneta de la sociedad. Esta búsqueda la realizo como un caminar junto a otras personas, intentando encontrar todo aquello que alivie el sufrimiento humano, encontrar todo aquello que nos permita volar en libertad y fraternidad, construyendo un mundo de sensibilidad, conciencia y dignidad. No entiendo un mundo donde se empobrezca a la gente, donde las guerras sean una realidad constante, con el inmenso sufrimiento que causan, donde el dinero sea el valor supremo y absoluto. Creo que un mundo configurado desde la avaricia, la codicia, la ambición, el poder y la violencia es mundo que se queda sin futuro, sin esperanza.

En esta búsqueda he renunciado a ser indiferente ante las situaciones humanas que reclamaban amistad, cariño y solidaridad. He tenido que luchar mucho para que el miedo no me atenace, no me impida vivir la vida plenamente y en profundidad, compartiendo este vivir con la gente, sobre todo, con la gente que quieres y te quieren. He intentado no dominar a nadie y que nadie me domine, que pueda expresar lo que pienso y siento, y actuar para transformar este mundo, aunque suponga un conflicto con los poderosos económicos, políticos y religiosos. Siempre ha sido una lucha para que la indiferencia y el miedo no ahoguen la sensibilidad y la conciencia.

En todo este proceso vital, el querer ser libre siempre ha sido una motivación que me ha ido dando identidad. A modo de ejemplo, hace ya muchos, íbamos un compañero sacerdote y yo visitar a una madre cuyo hijo no iba a la escuela, la madre se dedicaba a la prostitución y Cáritas tenía un programa contra el absentismo escolar. Yendo para la casa, el compañero se para y me dice con un rostro que expresaba preocupación, mucha preocupación: “Oye, Joaquín, ¿has pensado que la gente puede creer que vamos a esa casa a otra cosa y van a decir barbaridades de nosotros”? La verdad, que no lo pensé hasta ese momento en esa posibilidad. Después de unos minutos de diálogo decidimos seguir, porque lo importante no era el qué dirán, sino convencer a la madre y a su hijo la importancia de ir a la escuela a aprender y tener un futuro. Ese niño, ya es un hombre con una familia y con un trabajo que le permite vivir. ¿Qué hubiera pasado si nos hubiéramos dejado llevar por las apariencias?

Sin duda alguna, en la respuesta a quién soy, hay una dimensión fundamental y que no se entendería mi manera de ver la vida y de ser en la sociedad y que no es otra cuestión que mi fe en Jesús de Nazaret, en el Dios de Jesús. Yo nací en 1962, por cierto, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en una sociedad impregnada por un catolicismo que era impuesto y que nadie cuestionábamos y mi fe se fraguó como opción personal en la transición. Pasé de una fe convencional y social a hacer una opción personal por Jesús de Nazaret, para intentar ser Buena Noticia para los empobrecidos, para dar la libertad a los oprimidos y la vista a los ciegos, como aparece en el Evangelio de San Lucas. Fue una fe que me implicaba en la realidad social, en la lucha por la justicia social y la libertad y una fe que me indicaba que las personas estamos por encima de las ideologías, que la dignidad humana no puede ser pisoteada, que hay gente buena en todos los ámbitos y lugares y que la vida del ser humano tiene que ser respetada, al igual, que la creación.

Otra cuestión que ha configurado mi identidad ha sido el cariño de la gente, abierto y sincero. Todos los gestos de bondad, cariño y ternura ha sido un gran alivio y me ha hecho seguir adelante, incluso, en los momentos más difíciles de mi vida. Este cariño, me ha enseñado que hay que romper lo que llamo “la formalidad de ser cura”, distante de la gente, inexpresivo, muy condicionado por el mundo de la beatería y muy cercano a los adinerados, para ser alguien que el abrazo y la sonrisa sea una seña de identidad.

Otro elemento que ha sido determinante en la manera de ser y ha sido el sufrimiento humano, reconozco que cuando veo a personas sufrir por procesos de desahucios, por el paro y la precariedad, por la violencia, porque la gente tiene que huir de su tierra por la guerra y el hambre etc., me provoca una gran indignación y me conmueve y hace que intente luchar contra las causas de dolor humano. Escuchar, atender a las personas y luchar contra las estructuras sociales, económicas, políticas y religiosas que causan tanto dolor humano y destruyen nuestro mundo, es un motor en mi vida.

Por último, decir que, a pesar de mis contradicciones, incoherencias y pecados, me gustaría que cuando llegue el final de mi vida, y cierre definitivamente mis ojos, pueda decir al Dios Padre, que he contribuido en lo que he podido a que este mundo sea un poco mejor y que en mi corazón hay mucha gente que he amado.

¿Qué significa para usted Las Torres de Cotillas y sus gentes?

Representa la donación de un cariño desinteresado y gratuito, donde las puertas se han abierto desde el primer momento de pisar Las Torres de Cotillas. Es gente amable, cercana y agradecida, que me han tratado con mucho cariño y cercanía. Me encanta cuando voy a una tienda, a un bar o por la calle y nos saludamos como vecinos, con simpatía, amabilidad y confianza, sin distancia por ser cura.

Las Torres de Cotillas forma parte de mi vida y aquí he aprendido mucho de la gente, de su sencillez, de tratarte como uno más, a pesar del ser cura, párroco de Los Pulpites, de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción.

Cuando llegué a este pueblo, vine con muchas ilusiones, aunque dolido porque el traslado se debió a problemas con la jerarquía, y también con muchos miedos por si no era capaz de no comprender y entrar en la dinámica de este pueblo. En la homilía de presentación dije ese miedo a decepcionar o a defraudar y que esperaba poder integrarme en el pueblo, que necesitaba tiempo y que tuvieran paciencia y que siempre fueran críticos con mis posibles errores y equivocaciones. Recuerdo, con mucha emoción, que mucha gente me dijo que no me preocupara, que nunca me iba a ver solo y que siempre estarían a mi lado y que todo iría bien. Lo dicho, muy buena gente en este pueblo. No puedo ignorar, que existe la maldad, los problemas y las dificultades, es la condición humana para lo bueno y lo malo, pero, esa bondad en este pueblo tiene una impronta especial.

Como anécdota, recuerdo que me decían que tuviera mucho cuidado con los pulpiteros, que eran muy comunistas y que no querían a la Iglesia.  Enseguida la relación fue muy buena y enriquecedora, hasta en alguna ocasión oí la expresión: “Anda, si este cura es más comunista que los pulpiteros”. Recogiendo otra anécdota, recuerdo que le dije a un compañero que quería afiliarme a la UGT en Las Torres de Cotillas y quedé con él en el local. Cuando llegué, no había llegado, y la persona que estaba me dijo que me afiliaba él y yo le dije que mejor esperarme, porque no sabía que era el párroco de Los Pulpites. Recuerdo que se enfadó y me dijo que eso esa su misión y como no llegaba mi amigo, empezamos a rellenar la ficha. Recuerdo su expresión como iba cambiando y poniéndose nervioso y explotó con mucho cariño cuando le dije que mi empresa era el Obispado de Murcia y me dijo: “Mira, yo no te afilio porque te vas a meter en un lío”. Después de unos minutos de diálogo acabo afiliándome.

En esta acogida y abrirte las puertas, destacó también la actitud de esa gente que quiero un montón y es la gente de Onda92, de nuestra radio, para que desde los micrófonos pueda expresar que en este mundo hay gente muy buena, que no es cierto que cada persona vaya a lo suyo. En este sentido, expresión de esto, es el programa que estamos realizando en la actualidad, “Tiempos de esperanza” y que entrevistamos a esa gente que entiende la vida desde el servicio, la solidaridad y la justicia social.

Mi vida no se entendería sin lo que me ha aportado la gente de Las Torres de Cotillas, que han sido muchas y buenas, sin obviar, los momentos malos y complicados.

¿Qué pensó cuando le comunicaron que había sido nombrado pregonero?

La verdad es que fue una auténtica sorpresa, algo que nunca hubiera esperado. Dio la casualidad que cuando intentaron contactar conmigo estaba en Ceuta Y Tánger con la triste realidad de los refugiados y de los inmigrantes y no podían contactar conmigo en ese momento, con lo cual me imagino que se pondrían un poco nerviosos. Cuando llegué, contactamos y me lo propusieron y les dije que sí, que era un detallazo por su parte, que me conmovía y que lo aceptaba como un servicio. Fue todo muy rápido, también condicionado porque en pocos días volvía a los campos de refugiados en Grecia y suponía tomar conciencia de lo importante que es pregonar las fiestas patronales en honor de Nuestra Señora de la Salceda. He necesitado algunos días para convencerme de que no ha sido un sueño, sino que es realidad.

Lo acepto con ilusión, como un servicio y con muchísimo agradecimiento y con la responsabilidad para que las palabras que pronuncie lleguen al corazón y contribuya a seguir todos juntos en este camino de la vida.

¿Cuál es el espíritu de las fiestas de Las Torres de Cotillas?

El espíritu fundamental es la participación de la gente, una participación generosa, llena de ilusión y creatividad. No se entendería estas fiestas sin la participación de los grupos y de las peñas, que con mucho trabajo y esfuerzo, contribuyen a dar contenido a estas fiestas, conjuntamente con el Ayuntamiento.

La gente lo vive como algo suyo, que tiene poner su grano de arena, no con una actitud pasiva, esperando que el Ayuntamiento lo organice todo, sino que la gente, trabajando conjuntamente, diseña la programación y a la misma vez invita a participar a los vecinos y vecinas en las diversas actividades, para que no sean meros espectadores.

 

¿Qué actos destacaría de estos festejos?

Destacaría tres actos:

  1. La tradicional Eucaristía en honor de Nuestra Señora de la Salceda y la popular procesión por las calles de nuestro pueblo. Se une la fe y la vida. Tiene un carácter abierto, inclusivo y respetuoso.
  2. Las carrozas, que recogen la participación, la creatividad y la ilusión, sobre todo, de los niños y niñas.
  3. La quema del raspajo, que homenajea el pasado huertano, desde el presente, abriéndose al futuro.

Me parecen que son tres actividades que vertebran nuestras fiestas, pero, no tendrían la fuerza suficiente sin el resto de actividades, formando un conjunto de alegría y de convivencia familiar y social.

 

¿Qué rasgos definen el carácter de los habitantes del municipio?

Es un pueblo abierto y acogedor, intercultural y, en cierto sentido, cosmopolita, tal vez condicionado por la cercanía de Murcia, que ha hecho que mucha gente se instale en nuestro municipio y con el paso del tiempo se haya sentido que forma parte de él, sin olvidar sus raíces. Precisamente, yo soy expresión de esta realidad, que cuando vine a Las Torres de Cotillas venía desconcertado y ahora me siento en mi casa. Recuerdo, cuando tuve que dejar la parroquia porque me fui de capellán a los centros psiquiátricos, de personas mayores y discapacitados, casi todos ellos ubicados en El Palmar, me propusieron quedarme en el piso parroquial y seguir viviendo en Las Torres de Cotillas y dije que sí, porque esta era mi casa, con muchos amigos y amigas y que me sentía muy a gusto en este pueblo. Esta experiencia es compartida por mucha gente.

También tengo que señalar que la crisis económica ha afectado a muchas personas, que les ha creado mucho sufrimiento, mucho desconcierto en la vida y mucha desesperanza. Son muchas familias con las que he hablado, que se han desahogado y que al final hacen una pregunta desde un corazón desgarrado: ¿Qué será de mis hijos?

Esta realidad, como en cualquier lugar, está muy presente y ha influido en nuestro carácter, pero, veo como la gente sigue luchando, buscando allí y aquí para salir adelante. Tenemos que convertir los problemas y dificultades en retos y no quedarnos en el lamento o en el reproche. Creo que tenemos fuerza, a pesar de todo, para salir adelante. Es el carácter de nuestro pueblo.

¿Cree que le faltan algo a estas fiestas?

Creo que no, porque responden a lo que la gente, las peñas en cada momento diseñan y en función de su capacidad. Son fiestas que responden a la generosidad, a la participación y hacerlo lo mejor posible en cada momento. Entiendo que a un le gusta una actuación o no, o le gustaría que viniera un cantante determinado, eso está dentro de la lógica humana.

Lo que sí añadiría sería que en cada evento hubiera un mensaje de solidaridad y de cuidado de la vida. A modo de ejemplo, se podría poner en un evento lo siguiente: “Cuidemos el planeta. Pongamos de nuestra parte para cuidar la naturaleza”. Hay mensajes que apelan al respeto, a crear humanidad y defender la dignidad humana que se podría utilizar para sensibilizar y concienciar en la medida de lo posible. Lo festivo y lo educativo pueden complementarse perfectamente.

Usted es conocido por su marcado activismo social: contra los desahucios colaborando en la prisión, en el centro psiquiátrico y en residencias de mayores, con personas discapacitadas físicas… ¿Qué le mueve a dar estos pasos?

Siempre he creído, estoy convencido de ello, que el ministerio sacerdotal tiene que vivirse como un servicio, no como un poder, estar al lado de los empobrecidos desde el acompañamiento, pidiendo la conversión de corazón de los que empobrecen, ser signo de esperanza y no de resignación y sumisión.

Sé que la mentalidad es que los curas tenemos que estar en los templos celebrando sacramentos y organizando la vida parroquial entorno, precisamente, a los sacramentos. Se piensa que no debemos decir nada en relación a los temas sociales, aunque sí a los aspectos de la moralidad sexual, pero, nuestra palabra, nuestros gestos y nuestras actuaciones deben estar insertas en la vida, demandando una economía, una política, unas relaciones internacionales que defiendan y preserven el bien común y la dignidad humana, exigiendo el cumplimiento de los derechos humanos.

Jesús de Nazaret murió crucificado porque quiso construir un Reino de Dios basado en la justicia, en la libertad, en la fraternidad, en la reconciliación, en el compartir, en la bondad, en la paz…y se enfrentó a todos aquellos que destruían la vida y condenaban a la gente a la pobreza y la muerte. Nosotros los creyentes tenemos que seguir construyendo este Reino y los sacerdotes estar al servicio de esta misión. Dios no quiere nada para él, no es un Dios egoísta o narcisista; nos dice que si lo queremos tenemos que querer a los demás, ayudar a los demás, no con actos puntuales caritativos, sino construyendo de una sociedad de todos y todas, para todos y todas y con todos y todas.

Es curioso, que cuando hacemos presente este compromiso desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, enseguida aparecen los calificativos de “rojo”, “comunista”, cuando es misión constitutiva de nuestro ministerio. Por eso, siempre he optado por estar con la gente, donde esté el sufrimiento humano, ahí creo que debo de estar. Hay gente que me ha dicho que no rezo y yo les digo que rezo en soledad y también rezo cuando estoy en una casa esperando a la comisión judicial y a las fuerzas de orden público para que el desahucio se paré y no haya violencia; también rezo cuando estoy en un campo de refugiados ayudando a la gente, a esa pobre gente, que han venido huyendo del terror de la guerra. No nos podemos dejar corromper por el dinero, el poder y el prestigio social.

Si guardamos silencio ante el racismo, la xenofobia, el rechazo al pobre, el trabajo precario que hace que no llegue a final de mes, los desahucios, el abandono de las personas mayores y de la gente con problemas de salud física y mental…seremos cómplices de la injusticia y no seremos fieles al Evangelio.

 

 

¿Qué mensaje piensa mandar en su pregón?

Quiero recoger mis vivencias de estas fiestas, la importancia de las tradiciones, de los valores que emanan de estas fiestas, de la importancia de unir la fe y la vida, para terminar pregonando la esperanza, porque es un pueblo con muchas cualidades, con problemas también, y con muchas posibilidades. Quiero pregonar que la humanidad y la prosperidad van de la mano, que no tenemos que dejar a nadie atrás.

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